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«Los ángeles pueden mostrar al mundo su iglesia, la iglesia más bonita del mundo» recita el narrador entre los aplausos del público. San Pablo, la iglesia más bonita del mundo, claro que sí, y el que lo niegue que se hubiera ido ayer a ver el espectáculo multimedia que tuvo como marco la fachada de la basílica. Un angelito llamado Serafín, fue el encargado de mostrar el despliegue de creatividad que se ofreció ayer. La modernidad se mezcló con la antigüedad.
Aunque estemos en ferias, no todo va a ser jijí jajá, así que dedicamos este primer párrafo al servicio público/cultural. Morfeo, como muchos de ustedes saben y yo he buscado en la wikipedia, era un dios griego (de categoría menor) hijo de Hipnos, que representaba el sueño. Le molaba meterse en la cabeza de la gente para soplarle lo que tenía que soñar, pero Zeus se conoce que se enteró y le fulminó porque a ver qué es eso de ir cometiendo allanamiento onírico a diestra y siniestra. Dicho lo cual, cerramos el primer párrafo de servicio público/cultural.
¿Qué haría usted si se encontrase un libro en un banco, en la estación de autobuses o en la mesa de una cafetería? (y no, no es la opción B: quedárselo para uno mismo) ¿Le ha pasado alguna vez? Pues cuidado a partir de ahora, ándese con ojo porque en cualquier momento 'caza' un ejemplar como se dice en el argot del 'bookcrosser'. Y el que avisa no es traidor.
Los tres toreros vallisoletanos estuvieron ayer por encima de los astados de la ganadería salmantina de Montalvo, que resultaron deslucidos y complicados en conjunto, y de los que tan sólo se dejaron los dos primeros, muy blandos, y un tercero con genio al que Joselillo toreó de poder a poder, lo que le pudo costar algo más grave de los varios sustos que se llevó del coso de Zorrilla. No se salvó tampoco el sexto, que a pesar de tener algo más de motor acabó rajándose en la faena de muleta.
A pesar de que las temperaturas bajaron a última hora de la tarde de ayer, el día no fue muy propicio para vestir camisa cerrada hasta el cuello, chaleco, falda gruesa y, por debajo, enaguas y medias de algodón. A este traje tan fresco había que sumarle dos horas y media de bailes, prácticamente, sin parar. Eso es lo que hicieron y vistieron los dos grupos de jotas Castellanos de Olid y La Victoria, que partieron a las 19.00 horas desde la Plaza Mayor y sin parar de danzar y tocar las castañuelas llegaron a la plaza de Colón, donde exhibieron sus dotes para el baile tradicional durante una hora y media.
Si a estas alturas todavía queda alguien que no conoce al oso Yogui, una de dos: o no ha salido de casa en fiestas, o no ha visto nada de televisión ni leído la prensa. Los que todavía no habían tenido la oportunidad de conocer al plantígrado, tuvieron ayer la ocasión de hacerlo en la Plaza Mayor, donde el Gran Circo Mundial mostró algunas de sus exhibiciones para el deleite de los miles de espectadores allí presentes, que en su gran mayoría, como no podía ser de otra forma, fueron niños.
Quien diga que los vallisoletanos no son fiesteros y bailones es que no se ha pasado por la pérgola del Campo Grande. Allí, durante todos los días de ferias, ha actuado para todo tipo de público (y no sólo mayores) una orquesta.